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El trauma.
Texto divulgativo-ilustrativo sobre el trauma
Desde el momento de la concepción hasta nuestra vejez, nuestro cuerpo está continuamente expuesto a los traumatismos ambientales. Nuestro cerebro y nuestra red neurológica está siempre reparándose (resiliencia) y tenemos la oportunidad de reducir el impacto en nuestras conductas de los traumas y micro-traumas sufridos. Aquello de que el carácter de la persona no cambia o genio y figura hasta la sepultura, no es cierto. Cada minuto, nacen y nacen nuevas neuronas, ésta es la vía para el eterno aprendizaje y cambio y mejora de nuestra vida.
Complejas reacciones eléctricas y químicas comunican y transportan las cosas que pasan fuera y dentro de nuestro cuerpo, hacia nuestro cerebro: al tálamo y a la corteza cerebral, y en paralelo al sistema límbico (centro de la memorial emocional y sensorial). En función del valor emocional y el procesamiento, se organizan las respuestas sensoriales y motoras tanto en la corteza como en el sistema nervioso autónomo. Nuestro cuerpo se prepara para actuar, o para inhibirse y, al mismo tiempo, se sueltan en el corriente sanguineo la química necesaria: cortisol, adrenalina, noradrenalina, opiaceos... con impacto en las vísceras y órganos importantes del cuerpo, afectando al ritmo cardíaco, a la presión arterial, al azúcar, a la retención de sodio... La musculatura se pone en actividad, para aquello que nos garantice el mejor resultado posible y el cerebro entero está en gran alerta. |
Muchas víctimas de traumatismos de guerra, actos de terrorismo, enfermedades graves, accidentes de coche, violencia brutal...., sienten ansiedades muy variadas y también viven como anestesiados, abombados, como en una nube, incluso tienen ataques de pánico por los estímulos más diversos, ruidos, luces, olores, sensaciones; también por la noche son frecuentes los sueños angustiosos y pesadillas. Sus cuerpos luchan para no sentir y han de tomar medicinas, drogas, alcohol, para no tener tan insoportables momentos. Ya no se creen capaces de luchar, se quedan indefensas y buscan fuera la seguridad que no tienen dentro, también en otras personas.
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En los estudios y seguimientos de conductas animales, donde no existe una corteza cerebral tan activa como la nuestra, cuando estos entran en estado de shock ante las circunstancias amenazantes que se presentan en sus vidas, se han observados cosas interesantísimas. Generalmente, pierden el control, se desvanecen, se mueren aparentemente y quedan a merced del animal que es su depredador y les asusta. Si el depredador, ante esto, no tiene mucha hambre y lo hacía sólo por instinto depredador o se desconcierta lo suficiente por otra cosa que pasa, es frecuente que lo abandone allí a su suerte, sin morderlo. Y su suerte es magnífica, porque el muerto empieza a temblar, a producir muchos movimientos involuntarios como volviendo a la vida y al poco tiempo sigue con sus correrías tan alegremente, sin ninguna ansiedad, ni limitación posterior. Maravillosa Naturaleza, como ha resuelto tan terrible situación. |
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Algunas personas también tenemos estos temblores pero nunca nos quedamos tan expuestos, sino que reaccionamos y luchamos casi siempre, aunque dejando daños en la memoria inconsciente y con una continua actividad mental. Nos quedamos enfermos y limitados para mucho tiempo, con menor capacidad de concentración y atención, así como con dificultades para analizar, pensar, decidir, y tambien con la memoria afectada. Otra gran limitación es la fatiga continua, el esfuerzo que cuesta todo, que a veces nos lleva hasta el bloqueo y la parálisis de actividad.
Todo esto, probablemente, es evolutivo en función del enorme impacto de la cultura del último millón de años y más. Entornos más seguros y protegidos de todo (frío. calor, hambrunas, guerras,..) han provocado indefensión, llevando a los humanos a cerrarse, bloquearse, anestesiarse, congelarse ante las amenazas, aunque fueran mínimas.
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En realidad, las propuestas que existen, abogan por un modelo de traumatización que produce cambios neurológicos y químicos en el cerebro que persisten en el tiempo y lo más importante es que el impacto viene de la experiencia vivida y no de la intensidad del daño. Estos impactos apuntan a ser variables responsables en el lupus, la artritis reumatoide, la fibromialgia y otras enfermedades motoras, viscerales y somáticas.
Por ello, el tratamiento de la enfermedad tiene una importante vía al trabajar sobre las conductas de congelación e inhibición humanas resultantes de las amenazas y traumatismos vividos, ya sea por acontecimientos únicos e intensos, ya sean por los acontecimientos múltiples, repetidos y de menor intensidad durante las etapas del desarrollo humano. Se insiste en esa suerte de traumatismo silencioso de gran trascendencia que son los traumas del desarrollo: aquellos micro-traumatismos invisibles, sólo perceptibles por el sensible cuerpo del bebé y del infante. Es el déficit y/o los micro excesos-abusos en el cuido por las figuras cuidadoras. Actualmente, hay muchas investigaciones que han dado frutos claros y casi indiscutibles. |
Estos traumas tienen como causa un cuidado no empático y sin sintonía corporal por parte de la figura que atiende al bebé, tanto si lo coge y lo cuida, como cuando no lo hace. La repetición de estos encuentros desajustados y de choque, constituye la experiencia traumática:
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Tensiones musculares en la nuca y en la base del cráneo que disocian y nos desconectan a determinados niveles de la experiencia sensorial y emocional. Es como si la cabeza y el cuerpo se percibieran separados. Nos desorganiza.
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Al tener que atenuar el impacto de la madre no sana e infeliz, el lactante,sin maduración nerviosa y motora suficiente, lo consigue enderezando su cabeza, desarrollando un estado de vigilancia... ¡qué pena!, ya tendré que empezar a pensar, y no me van a dejar ser un niño-a, todo el tiempo que necesito. La actividad mental temprana comienza.
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El niño/a protesta, pero el cuidador-a no sabe y esto le hace entrar en colapso de su sistema tónico (congelación), no hay forma de luchar, ni escapar; es la versión temprana de la disociación. Es la respuesta del nervio vago dorsal, es una muerte, me rindo, expresa el cuerpo del niño/a.
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El ser profundo de la persona queda dividido entre lo mental, que es lo que tiene la primacía, y lo corporal, que queda sometido y sólo soporta, le lleva, pero que tiene poco que decir; lo sensorial (bienestar-malestar) y emocional (afectividad, agresividad, miedo, sexualidad, ternura, pena, alegría,...) se aparta y se niega. El adulto posterio se esforzará en el hacer, en lo espiritual, en el pensamiento, mientras el cuerpo sufre.
Hay muchas maneras de despertar la sintomatología de las personas afectadas por el síndrome de estrés post-traumáticos y muchos autores consideran que el contacto, a través de las manos, es la mejor y más rápida de las maneras y que son geniales las terapias orientadas al cuerpo. Si queremos descongelar la respuesta de vida, tenemos que ser adecuados y capaces para reencontrarnos con los movimientos que el niño hizo para protestar por lo que pasó. Todos los autores ponen el acento sobre 3 aspectos:
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La excesiva cantidad de energía movilizada por la situación traumatizante no pudo liberarse , ni metabolizarse.
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Los patrones construidos para sobrevivir fueron del tipo congelar-adormecer al cuerpo, sus emociones y sensaciones.
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El paciente, para volver a la vida y salir de las conductas de evitación y muerte en vida, necesita reexperimentar condiciones traumatizantes terapéuticas que ayuden al cuerpo a volver a la vida.
El proceso terapéutico con el trauma tiene por objeto reestablecer una relación de apego terapéutica segura que permita al paciente aflojar su cabeza y su nuca disociada del cuerpo, cruzar las angustias primitivas para liberarse y ayudar a construir el ser interno seguro.
El proceso terapéutico centra el trabajo en el acceso a los temblores de todo el cuerpo que permite liberar la enorme cantidad de energía generada y retenida por el acontecimiento traumático. Si se quiere descongelar la respuesta vital, es necesario reencontrar los movimientos que el niño hizo para protestar porque que no fue "bien" cuidado. |
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