|
Un experimento, llamado “la situación extraña”, en el que se crean situaciones diferentes de separación entre el niño-a y la figura cuidadora, nos han proporcionado, al analizar la separación y el reencuentro, cuatro modos de vinculación sencillos, pero con grandes implicaciones en las conductas adultas posteriores:
-
Apego Seguro: donde hay ansiedad por la separación y vuelta a la tranquilidad y seguridad al encontrarse con el-la cuidador-a. La confianza está construida. Supone una protección frente a trastornos psicológicos y emocionales. Muestran menos hostilidad y más habilidad para regularse en las relaciones. El apego seguro genera sentimientos de capacidad y autoestima.
-
Ansioso-Evitativo: muestra poca ansiedad en la separación y falta de interés hacia la figura de cuido en el reencuentro. Aparece depresión en la infancia, dificultades interpersonales y comportamiento hostil en la adolescencia y en los adultos se relaciona con las personas con personalidad antisocial, y con la propensión al abuso de drogas, alcohol o comida
-
Ansioso-Ambivalente: donde el niño presenta ansiedad de separación, pero el reencuentro no le tranquiliza. El niño se esfuerza con la figura cuidadora para atraerla. Provoca trastorno de ansiedad en el adolescente y adultos preocupados, ansiosos, tensos, marcados por sentimientos depresivos
-
Desorganizado / Desorientado: incluye las conductas que no responden a patrones anteriores. Aparece con frecuencia en niños cuyos cuidadores inspiran miedo; a la vez necesitan protección, y además les asusta esta protección, por las circunstancias que sea, como el maltrato infantil, la conducta desorganizada o disociada, la depresión mayor o trastorno bipolar de la figura de cuido, las relaciones violentas, o la pérdida del cuidador-a. Presentan altos niveles de cortisol
El niño/a o el adolescente no tiene la posibilidad de evolucionar y construir un patrón más seguro, entonces conserva su patrón infantil para su estado adulto. Se convierte en un adulto "desapegado", un adulto "preocupado", o un adulto "desorganizado-desorientado".
En general, los padres con personalidades más sanas, que dispongan de la seguridad, de la sensibilidad y de la tolerancia a la ansiedad, tienen más posibilidades de que sus hijos desarrollen un patrón de apego seguro. La expresión emocional afectiva de los padres tiene al comienzo de la vida una función tranquilizadora y de contención, facilita el equilibrio emocional posterior.
Se ve como el niño/a toma conciencia de sus límites corporales gracias al papel que desempeña el cuerpo de la persona cuidadora en los momentos iniciales de su vida. Existen muchas personas con una percepción interna caótica de su cuerpo, y no está ajustada a la realidad. Se explican así las autolesiones, las anorexias, etc,...
|
Tres consideraciones importantes recogidas de la investigación son: que la seguridad nace del hecho de experimentar el mundo interno con bienestar, que el bebé debe ser expuesto a lo externo gradualmente y de forma no intrusiva, con la figura cuidadora disponible y capaz de proporcionarle ocasiones para que lleve a cabo gestos creativos espontáneos. Y esto ha de ocurrir, imprescindiblemente, con coherencia, la cual siente el bebé con mucha fuerza. Es preciso que el cuidador/a mantenga o restaure su propio sentimiento de bienestar para que pueda regular la ansiedad del bebé.
Es interesante considerar que los patrones de relación de la primera y segunda infancia pueden actualizarse-cambiarse en las relaciones adultas, bien por experiencias vitales enriquecedoras, y también por el impacto de la psicoterapia.
En la psicoterapia se siguen estos modelos que plantean como relevante que el hecho de la cura y del cambio, facilita, favorece y, en muchos casos, consiste en dotar a la persona de esa base segura que no tuvo, pues las necesidades de apego persisten durante toda la vida. |
|
En los pacientes con patrón de apego evitativo el objetivo sería una terapia que favoreciera la conexión con sus afectos; mientras que en los pacientes preocupados, lo fundamental es crear estructuras que les permitan modular los estados emocionales. Los pacientes comunicamos a nuestra manera, la necesidad de que el terapeuta mantenga la sintonía, que es más primitiva y profunda que la empatía. Es muy importante que el tratamiento sea realizado por un-a terapeuta con apego seguro.
Los terapeutas precisan tener las buenas cualidades de la figura cuidadora: estar vinculado a su cliente-a de manera no impaciente, disponible a dejarse utilizar, con permanencia y con constancia, y ser estimulantes y reforzantes hacia la exploración del paciente. Esto está confirmado por las investigaciones actuales en neurobiología del apego.
La persona que va a terapia siempre trae un niña-o que espera eternamente que alguien se le dé para poder confiar en si misma-o, en su cuerpo, en su valor y en su existencia. Adquirir la convicción íntima de que puedo ser amada-o y soy capaz de amar, es la experiencia secreta que todos necesitamos experimentar de verdad. Como algún autor muy célebre diría : "el amor no se puede mostrar más que en términos de cuidados corporales". |